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Lectura orante del Evangelio del Miércoles de la Semana 3 de Pascua: Juan 6,35-40


La luz de tu Espíritu Santo danos, Señor, en este momento de oración que iniciamos ahora con tu Palabra, para que captemos propiamente el mensaje que Tú nos traes en este día; que el Paráclito también nos anime a acoger con entusiasmo el contenido del texto que oraremos, y que nos impulse a convertirlo en obra en el accionar de nuestra vida diaria. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 6,35-40: En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día».

b) Contexto histórico y cultural

Sigue el discurso del Pan de Vida de Jesús a la muchedumbre que le ha seguido, ahora en Cafarnaúm, después de la multiplicación de los panes en el otro lado del mar de Galilea; el Señor continúa intentando explicar el sentido de esa señal milagrosa, en la que ellos sólo han apreciado el aspecto material.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

De ese pan que da vida

Yo quiero de ese pan que da vida
que se nos ha mandado del cielo,
el comible boleto de vuelo
que sirve de pasaje de ida.

Al dársenos como una comida,
al viajero sirve de alimento;
y siendo más liviano que el viento,
hace la travesía fluida.

El piloto lo da a quien lo pida
porque siempre busca pasajeros
que deseen trasladarse a su Reino
donde Él les ofrece eterna vida.

3. Oración

He venido a verte

Señor, he venido a verte
porque grande es mi hambre de ti,
de Dios, el Hijo, enviado a mí,
a librarme de la muerte.
Este encuentro es acogerte,
arrepentido en conversión,
para que cumplas tu misión:
¡dame vida que estoy muerto,
más árido que el desierto!
¡Que sea hoy mi resurrección!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Acudir a Jesús,
creer en Él,
tiene que ser mi acción de este día,
y de toda mi vida;
se mi compromiso a realizar con la ayuda de Dios.
Amén.