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Lectura orante del Evangelio del Martes de la Semana 3 del Tiempo Ordinario: Marcos 3,31-35


Tu Espíritu Santo pedimos, Señor, para orar tu Palabra en este día. Que nuestro mente y nuestro corazón puedan leer y sentir correctamente cuanto quieres que vivamos a partir de tu mensaje. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 3,31-35: En aquel tiempo, llegan la madre y los hermanos de Jesús, y quedándose fuera, le envían a llamar. Estaba mucha gente sentada a su alrededor. Le dicen: «¡Oye!, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». Él les responde: «¿Quién es mi madre y mis hermanos?». Y mirando en torno a los que estaban sentados en corro, a su alrededor, dice: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».

b) Contexto histórico y cultural

Jesús se encuentra rodeado de la muchedumbre, atareado en el desempeño de aspectos de su misión: la predicación del mensaje relativo al anuncio de la llegada del Reino, la sanación de enfermos y liberación de los oprimidos y poseídos por las fuerzas del mal. El tiempo para las cosas personales, como la familia e incluso la alimentación, ha pasado a un segundo plano. Es por eso que sus parientes muestran una comprensible preocupación y tratan de verle.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Señor, admiro a tu madre

Señor, admiro a tu madre
porque, con corazón sano,
tu crianza tuvo a su cargo
como lo quiso Dios Padre;

su deseo, acatar ella sabe,
como lo hizo aceptando
aquel inédito encargo
sin que el riesgo le importase.

¡Cuánto esmero al cuidarte
María tuvo en sus manos,
contigo al hacerte humano,
cuando de su vientre naces!

Por sus dotes ejemplares
es que Mamá yo le llamo;
porque quiero ser tu hermano
para que Tú así me llames.

Amén.

3. Oración

Un Ave María

Un Ave María con el corazón
ahora quiero dedicarte, María:
al recordar el saludo del ángel
puedo imaginar, en ti, la alegría;
alégrate, te dijo, llena de gracia;
alégrame, te digo hoy, Virgen mía;
Dios está contigo, te ha bendecido
de entre las mujeres a ti escogía
para la encarnación del Verbo: Jesús,
que tu virginal vientre fue la vía;
por eso hoy te llamo: Madre de Dios,
que al saludarte lo dijo tu tía:
"la madre del Señor me visita hoy".
Ruega ahora con tu plegaria pía
por mi, que aún sigo siendo un pecador,
de la santidad, en lejanía;
ruega que cuando me llegue la muerte,
ya arrepentido de mi villanía,
pueda llamar a Dios como mi Padre,
hermano a Jesús, y a ti Madre mía.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Yo ser tu hermano

Yo ser tu hermano, Cristo,
María mi modelo,
es más que un anhelo
ahora es mi objetivo;
y para conseguirlo
se requiere mi esfuerzo,
pero solo no puedo,
dame, Señor, tu auxilio.

Amén.