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Dar; darse

(Texto de santa Teresita del Niño Jesús)
No, no me basta dar a todo el que me pida;
he de aplicarme a adivinar los deseos,
de mostrarme muy agradecida,
muy honrada de poder hacer algún servicio,
y si me llevan algo de mi uso,
parecer alegre de que me hayan desembarazado de él.

Hacer el bien

Don Bosco nos dice:
"La mejor manera de adquirir méritos
consiste en hacer el bien sin mirar a quien,
cada vez que esté a nuestro alcance,
sin esperar recompensa del mundo,
sino de Dios solamente."

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Si Él no hubiera venido

Texto de san Agustín:

"Una inacabable miseria se hubiera apoderado de ti,
si no se hubiera llevado a cabo esta misericordia.
Nunca hubieras vuelto a la vida,
si Él no hubiera venido al encuentro de tu muerte.
Te hubieras derrumbado,
si Él no te hubiera ayudado.
Hubieras perecido,
si Él no hubiera venido."

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Corazón de Jesús

(Del Rezo del Ángelus por el Papa Francisco del 9 de junio de 2013)

La piedad popular valora mucho los símbolos,
y el Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia
de la misericordia de Dios;
pero no es un símbolo imaginario,
es un símbolo real,
que representa el centro,
la fuente de la que brotó la salvación
para toda la humanidad.

Ayúdame, oh Señor, a ser misericordioso

Pensamiento de Sor Faustina Kowalska
Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo misma me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio.

Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí.

Bendiciones a quienes comprenden a los envejecientes

Desconozco el autor de este hermoso mensaje-oración que, no obstante, reproduzco para ustedes:
Bendice, Señor, a los que tienen comprensión de mis pasos vacilantes y mis manos temblorosas.
Bendice a los que saben que hoy mis oídos van a sufrir para entender a otros.
Bendice a los que apartan los ojos, como si no lo vieran, cuando se me cae el café del desayuno.
Bendice a los que nunca me dicen: “Es la segunda vez que hoy cuentas lo mismo”.
Bendice a los que tienen el don de hacerme evocar los días felices de otros tiempos.
Bendice a los que hacen de mí un ser amado, respetado y no abandonado.
Bendice a los que adivinan que no sé ya cómo encontrar fuerzas para llevar mi cruz.
Bendice a los que endulzan con su amor los días que me quedan de vida, en este viaje a la casa del Padre.

La misericordia de Dios

(Pensamiento del monje Dom Columba Marmion)
La misericordia es la bondad o el amor que, ante la miseria,
se mueve a compasión.
En Dios, la misericordia no es otra cosa que el amor sin límites de la bondad infinita,
que, a la vista de las miserias de la criatura,
se inclina hacia ella para aliviarla,
ayudarla,
perdonarla
y hacerla feliz.

Misericordia

(De "La Reconciliación" de san Juan Crisóstomo)

¿Cómo podrías rezar que Dios te sea propicio, cuando no te mostraste misericordioso con quien te ha faltado el respeto?

Dice un sabio, hablando sarcásticamente de semejante modo de actuar:
"el hombre que conserva la cólera hacia el otro hombre, nunca puede atreverse a pedir al Señor su salvación.
Si no tienes misericordia para tu semejante ¿cómo osas orar por tus pecados?
¿Si él, que es solamente carne, conserva rencor, quién usará indulgencia con él por los pecados cometidos"? (Sir 28, 3-5).