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Invitados al arranque


Más que decidido a clarear la tierra, sale el sol a propagar su necesaria luz en medio de la obscuridad total de una prolongada y torturante noche; es entonces que invita a apagados cuerpos a convertirse en espejos y a acompañarlo para que siendo reflectores de él lleguen así a ser luminarias brillantes que a su vez difundan y multipliquen la luz recibida por todos los rincones.

Me refiero a Jesús, el salvador, y al momento del arranque de su prédica evangélica; porque como se había profetizado (Isaías 9,1): "El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz". Y no es una luz cualquiera, ni tan sólo una luz; es la verdadera Luz, la luz salvadora portadora de la Verdad.

Luego de encarnarse, al asumir la naturaleza humana se dirige a los "comunes", a los sencillos; y en la cultura de la región geográfica que se seleccionó para este acontecimiento ubica a laboriosos hombres que estén dispuestos a asumir un nuevo papel en el desarrollo de su vida. Eran sencillos hombres de actividades manuales, en su mayoría. Los primeros eran pescadores. La invitación es a abandonar sus ocupaciones y a seguirlo asumiendo una nueva función: ser pescadores de hombres.

Esa Luz continúa y continuará brillando por siempre; y se requiere que los seres humanos de cada época sigan contribuyendo a mostrar su esplendor. Quiere Dios que también nosotros, que lamentablemente con nuestros pecados hemos contribuído a apagar algunas extensiones de luces y a alejar a algunos de los peces procurados, seamos partícipes de la novedad reivindicadora de la salvación de la humanidad en Cristo Jesús, salvador y redentor nuestro.

Nuestra aceptación, como la de aquellos primeros, habrá de ser hoy vista con agrado por el Padre del cielo, pero tiene que ser como la de ellos: decidida e inmediata, y sin importar lo que haya de ser dejado a un lado o detrás. Digamos, pues, sí a esta invitación y participemos de un nuevo arranque evangelizador convirtiéndonos en espejos de la luz de Cristo y en pescadores de hombres; poniendo en manos del Señor nuestro empeño sin buscar excusas como limitadas capacidades o falta de tiempo, y mas bien respondamos con una mejorada forma de ser y de actuar. Que así sea.

Marcos 1,14-20: Les haré pescadores de hombres


Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Conviértanse y crean en la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo:
-Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con El.

REFLEXIÓN (de "El Nuevo Testamento y su mensaje - El Evangelio según San Marcos" por , Rudolf Schnackenburg):

Jesús no se contenta con el anuncio general del mensaje de salvación; Jesús pasa a la acción y llama a unos discípulos. Conversión y fe tienen que realizarse en el seguimiento de Jesús; ese seguimiento es la respuesta plena a la llamada de Jesús. La vocación de los cuatro primeros discípulos junto al lago de Genesaret no sólo contiene una escena de los comienzos del ministerio de Jesús; tiene también un carácter ejemplar y un significado teológico.

Desde un punto de vista histórico no era el primer encuentro de Jesús con aquellas dos parejas de hermanos, que por su profesión humana eran pescadores. Por el Evangelio de Juan sabemos que Jesús ya los había conocido cuando eran discípulos del Bautista y que los primeros contactos habían tenido efecto en el lugar de Judea en que Juan bautizaba. Lo que Marcos narra es el llamamiento definitivo a los discípulos en sentido pleno, y la presentación permite conocer todas las notas del proceso decisivo de quien entra en el seguimiento de Jesús.

La acción parte de Jesús. Tres elementos esclarecen el suceso: la mirada de Jesús se clava sobre estos hombres y en seguida Jesús los llama a sí. La llamada del enviado de Dios es una llamada de Dios mismo; y es categórica, poderosa, penetrante. Cuando Dios llama no cabe ningún titubeo. Pero el contenido de la llamada es un requerimiento a ir detrás de Jesús. Literalmente éste es el primer sentido: el Maestro en sus caminos y peregrinaciones va delante de sus discípulos, ellos le siguen, se dejan conducir por él.

Este seguimiento, que en un sentido externo se dice también de las turbas populares, tiene en el discípulo un sentido espiritual más profundo: el discípulo entra en comunión de vida con el Maestro que desde ahora condiciona su vida e ideal, le da su doctrina e instrucciones, le señala incluso su camino en la tierra y le hace partícipe de sus tareas.

El objetivo del llamamiento al discipulado se expresa simbólicamente con una palabra muy adecuada para aquellos pescadores: Os haré pescadores de hombres. La conexión con el que hasta entonces había sido el medio de vida para aquellos hombres no es casual ni rebuscada, más bien es una imagen gráfica que caracteriza la fuerza gráfica del lenguaje de Jesús.

Estos hombres, llamados por Jesús a su seguimiento, deben cambiar la que hasta ahora ha sido su profesión por una superior: de ahora en adelante deben capturar con Jesús a los hombres, ganarlos para Dios y su reino. Se indica ahí el sentido primitivo del discipulado: una más estrecha unión con Jesús para compartir su propia vida y ayudarle en su predicación. El discípulo de Jesús debe estar preparado a asumir todas las consecuencias de este seguimiento, hasta llevar la cruz con Jesús y perder la propia vida por el Maestro.

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Marcos 1,14-20: Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres


Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

-Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia.

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo:

-Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con El.

REFLEXIÓN:

El arresto de Juan el Bautista fue su ultimo acto público; un tiempo después sería ejecutado en la misma cárcel; ha cumplido adecuadamente su papel de precursor del Mesías.

Por su parte, Jesús comienza a proclamar la Buena Noticia de la llegada de su persona haciendo presente el Reino de Dios. Este anuncio comienza en la remota región de Galilea, lejos de la capital Jerusalén y de otras ciudades principales.

Su mensaje es breve y conciso: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia".

Alcanzada la plenitud de los tiempos, se ha cumplido la llegada de "Dios entre nosotros" que los profetas habían anunciado: se ha cumplido el plazo, la salvación se ha hecho presente.

Dios ha tomado la iniciativa y no quiere que su  creación especial, el hombre, se pierda. Es una manifestación del amor divino.

Ante esa realidad la respuesta del hombre debe ser un paso de fe: la conversión. Abandonar los caminos desviados, volverse a Dios que nos busca y llama. No nos obliga, no se impone; se hace presente mediante la encarnación de su Hijo en un esfuerzo para atraernos a su lado. Por eso la invitación a la conversión y a creer en el Evangelio constituye el núcleo del anuncio de Jesús.

Pero no es un anuncio de teorías, sino de realidades fundamentadas en la caridad y la justicia que él hace presente con sus hechos. Estar en contacto con el Maestro implica vivir su mensaje. De ahí la importancia del seguimiento como respuesta al llamado de Jesús.

Los primeros discípulos son llamados en sus lugares de trabajo; son hombres comunes en faenas ordinarias; el seguimiento emprendido voluntariamente marca en ellos el comienzo de una nueva vida. Con ellos se comienza la comunidad cercana al Maestro que habría de constituir luego el inicio de la Iglesia.

Igual hoy, el Señor nos llama desde nuestros rincones, muchas veces oscuros, para que luego de aceptar y estar dispuestos a cambiar nuestra vida, desempeñemos el diario vivir caminando llevados de la mano por Jesús y sirviendo a Dios a quien, gracias a Jesús, podemos llamar nuestro Padre.

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