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Marcos 1,14-20: Les haré pescadores de hombres


Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:
-Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Conviértanse y crean en la Buena Noticia.
Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago.

Jesús les dijo:
-Vengan conmigo y les haré pescadores de hombres.
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con El.

REFLEXIÓN (de "El Nuevo Testamento y su mensaje - El Evangelio según San Marcos" por , Rudolf Schnackenburg):

Jesús no se contenta con el anuncio general del mensaje de salvación; Jesús pasa a la acción y llama a unos discípulos. Conversión y fe tienen que realizarse en el seguimiento de Jesús; ese seguimiento es la respuesta plena a la llamada de Jesús. La vocación de los cuatro primeros discípulos junto al lago de Genesaret no sólo contiene una escena de los comienzos del ministerio de Jesús; tiene también un carácter ejemplar y un significado teológico.

Desde un punto de vista histórico no era el primer encuentro de Jesús con aquellas dos parejas de hermanos, que por su profesión humana eran pescadores. Por el Evangelio de Juan sabemos que Jesús ya los había conocido cuando eran discípulos del Bautista y que los primeros contactos habían tenido efecto en el lugar de Judea en que Juan bautizaba. Lo que Marcos narra es el llamamiento definitivo a los discípulos en sentido pleno, y la presentación permite conocer todas las notas del proceso decisivo de quien entra en el seguimiento de Jesús.

La acción parte de Jesús. Tres elementos esclarecen el suceso: la mirada de Jesús se clava sobre estos hombres y en seguida Jesús los llama a sí. La llamada del enviado de Dios es una llamada de Dios mismo; y es categórica, poderosa, penetrante. Cuando Dios llama no cabe ningún titubeo. Pero el contenido de la llamada es un requerimiento a ir detrás de Jesús. Literalmente éste es el primer sentido: el Maestro en sus caminos y peregrinaciones va delante de sus discípulos, ellos le siguen, se dejan conducir por él.

Este seguimiento, que en un sentido externo se dice también de las turbas populares, tiene en el discípulo un sentido espiritual más profundo: el discípulo entra en comunión de vida con el Maestro que desde ahora condiciona su vida e ideal, le da su doctrina e instrucciones, le señala incluso su camino en la tierra y le hace partícipe de sus tareas.

El objetivo del llamamiento al discipulado se expresa simbólicamente con una palabra muy adecuada para aquellos pescadores: Os haré pescadores de hombres. La conexión con el que hasta entonces había sido el medio de vida para aquellos hombres no es casual ni rebuscada, más bien es una imagen gráfica que caracteriza la fuerza gráfica del lenguaje de Jesús.

Estos hombres, llamados por Jesús a su seguimiento, deben cambiar la que hasta ahora ha sido su profesión por una superior: de ahora en adelante deben capturar con Jesús a los hombres, ganarlos para Dios y su reino. Se indica ahí el sentido primitivo del discipulado: una más estrecha unión con Jesús para compartir su propia vida y ayudarle en su predicación. El discípulo de Jesús debe estar preparado a asumir todas las consecuencias de este seguimiento, hasta llevar la cruz con Jesús y perder la propia vida por el Maestro.