Lectura orante del Evangelio del Lunes de la Semana 33 del Tiempo Ordinario: Lucas 18,35-43


Que tu Espíritu Santo nos ilumine con la luz del entendimiento, Señor; para que al leer tu Evangelio de este día captemos su correcto significado, y que nuestros corazones lo acojan con fe, dispuestos a la conversión, y con ánimo de vivir lo que leeremos y oraremos. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 18,35-43: En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

b) Contexto histórico y cultural

Jericó, ubicada a orillas del río Jordán, distante unos 27 de kilómetros de Jerusalén, era una antigua ciudad, ya existente antes de la llegada de los israelitas a la tierra prometida; es el lugar por donde el pueblo de Israel, dirigido por Josué, penetró al territorio que luego sería su patria.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Aquel ciego de Jericó

Aquel ciego de Jericó
que nunca había visto la luz,
con fuerza clamaba a Jesús,
pidiéndole su compasión.

A todos nos da una lección
que es relativa a la fe:
su figura no podía ver
pero su señorío vio;
por eso el Señor lo sanó,
pues pudo llegar a creer.

3. Oración

¡Jesús, Hijo de David,
también ten compasión de mí!
Ayúdame a verte en los demás
y cambiar mi forma de actuar.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A pedir a Jesús con fe e insistencia,
se me invita en el día de hoy;
dame fe,
y dame de tu compasión,
Jesus, mi Señor;
esa es mi acción.
Amén.