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Lectura orante del Evangelio del Sábado de la Semana 5 de Pascua: Juan 15,18-21


Derrama sobre nosotros, Señor, tu Espíritu Santo en este momento de oración con Palabra que empezamos ahora, para comprender y asimilar las enseñanzas que Tú quieres transmitirnos en el Evangelio de este día; y para que no impulse a acogerlo con tan gran entusiasmo, que lo convirtamos en obras. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 15,18-21: En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado»

b) Contexto histórico y cultural

En el tiempo de Jesús, no existían escuelas como las conocemos en la actualidad. El aprendizaje se obtenía principalmente de los parientes, y mediante algunos maestros que tenían reducidos círculos de discípulos, con quienes compartían gran parte de su tiempo en una enseñanza mediante la convivencia; esto llevaba a los alumnos asumir las ideas, comportamientos y estilo de vida del instructor.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Aunque cueste, pagaremos el precio

Aunque cueste, pagaremos el precio;
por ti, aunque doloroso, no es alto;
si es por causa de tu nombre el maltrato,
no importa, Señor, que éste sea tan recio.

Y aunque del mundo reciba desprecio,
a todos ellos, Jesús ama tanto,
que lo que quiere es que al bien den un salto
mediante la conversión de los necios.

3. Oración

Fortaleza pido

Señor, fortaleza pido,
con el necesario valor,
para superar el temor
cuando soy perseguido
por quienes te han combatido.
Hay sufrimiento inherente,
con odio del oponente,
en ser parte de los tuyos;
no soy del mundo y los suyos,
por favor, hazme valiente.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A reconocerme como un elegido por Cristo para ser de Él,
lo que implica persecución;
pero a la vez saberme protegido, por ser también de Él,
es mi acción para siempre,
con la ayuda de Dios.
Amén.