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La presencia de la agonía de Jesús en Getsemaní

(De "Oraciones de vida" de Karl Rahner)

Jesús, estás verdaderamente entre nosotros con tu ser humano: carne, sangre, espíritu y corazón. Estás entre nosotros con tu vida humana, que no desaparece, sino que entra en la realidad eterna de tu corazón.

Tus horas de lucha y agonía en el monte de los Olivos están presentes en esta hora en la que queremos venerarlas con fe, amor, respeto y reconocimiento de la compasión redentora.

Ahora tu alma ve en la gloria del cielo la inalterable voluntad del Padre, que estableció en tu vida estas horas de Getsemaní. Tu corazón adora esta voluntad. Tu alma y tu corazón están aquí entre nosotros.

Tú, que has sufrido las horas de Getsemaní, estás aquí en medio de nosotros. Lo que padeciste ha pasado. No hay tristeza, pena, amargura ni angustia de muerte que afecten a tu corazón desde que penetraste en la felicidad del Padre. Pero lo sufrido marcó tu corazón. Se quedó en él, y así te encuentras ahora entre nosotros. El apóstol afirma que en los días de tu vida mortal presentaste, con fuertes gritos y lágrimas, oraciones y súplicas a Aquel que te podía librar de la muerte, y que así aprendiste a obedecer. Por eso te adoramos y te decimos, como si ahora estuvieras en el monte de los Olivos: ten piedad de nosotros.

¡Oh Jesús!, por la obediencia que aprendiste en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el sometimiento, fruto de la lucha de Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por la aceptación del dolor mantenida en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu amor hacia nosotros, que no cesó ni siquiera en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu bondad, que en Getsemaní no se tiñó de amargura. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu coraje heroico en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu mansedumbre, que no vaciló en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por la angustia y la tristeza de aquellas horas. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu temor y temblor. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu oración en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu caída en tierra. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por la insistencia de tu oración continuamente renovada. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por la aflicción mortal de tu alma. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el ruego de que se alejara el cáliz de la pasión. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu oración: «Que no se haga mi voluntad sino la tuya». Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu grito: «Abba, Padre». Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu triple asentimiento a la voluntad del Padre. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el consuelo recibido del Ángel. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el sudor de sangre de tu agonía en el monte de los Olivos. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el sufrimiento anticipado en previsión de los futuros sufrimientos. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el conocimiento que tuviste en Getsemaní de todos los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu asco ante todos los pecados de todos los tiempos. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu conocimiento de mis pecados en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por la aflicción de tu corazón por mis pecados. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu disposición a llevar en Getsemaní todo este peso. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el ahogo de tu corazón ante la inutilidad de la pasión. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por el abandono de Dios en Getsemaní. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu obediencia a la misteriosa voluntad del Padre. Ten piedad de nosotros.
Jesús, por tu amor indefectible hacia Dios. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, intercesor de los afligidos. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, portavoz de todos los que su angustia gritan. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, modelo de todos los que están tentados. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, confortador de todos los que luchan penosamente en la agonía. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, cabeza de todos aquellos que deben llevar los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, hermano partícipe del afán y de la desesperación de todo el mundo. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, tú que comprendes cada dolor. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, en quien todo abandono encuentra su patria. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, que perseveras hoy en el amor a los pecadores. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, que admites en tu corazón hasta al peor de los renegados. Ten piedad de nosotros.
Jesús en Getsemaní, muéstrate propicio. Perdónanos, Jesús.
Jesús en Getsemaní, muéstrate propicio. Líbranos, Jesús.
De los pecados llorados en Getsemaní. Líbranos, Jesús.
De la ingratitud hacia tu amor. Líbranos, Jesús.
De la indiferencia hacia tu amor. Líbranos, Jesús.
De la falta de sensibilidad hacia tu agonía. Líbranos, Jesús.
De la resistencia a la gracia obtenida en Getsemaní. Líbranos, Jesús.
Del rechazo a tu asentimiento al dolor y a la expiación en Getsemaní. Líbranos, Jesús.
De la duda sobre el amor de Dios en nuestras noches de Getsemaní. Líbranos, Jesús.
De la amargura en nuestras pruebas de Getsemaní. Líbranos, Jesús.
De la desesperación en nuestro abandono. Líbranos, Jesús.
Nosotros, pobres pecadores. Te rogamos, óyenos.
Haznos entender tu sufrimiento. Te rogamos, óyenos.
Enséñanos a abandonarnos a la voluntad del Padre. Te rogamos, óyenos.
Concédenos la perseverancia en la oración en la noche de Getsemaní. Te rogamos, óyenos.
Recuérdanos los sentimientos de tu corazón en las horas de Getsemaní. Te rogamos, óyenos.
Concédenos entender la penitencia y la expiación. Te rogamos, óyenos.
Haznos entender que nuestros sufrimientos son una participación en tu pasión. Te rogamos, óyenos.
Llénanos de horror por nuestros pecados. Te rogamos, óyenos.
Danos tu fuerza y tu paciencia en nuestros afanes y abandonos. Te rogamos, óyenos.
Asístenos en nuestra agonía con el coraje que tuviste ante la muerte. Te rogamos, óyenos.
En la hora de la muerte, mándanos tu Ángel de Getsemaní. Te rogamos, óyenos.
Enséñanos a velar y a orar contigo en Getsemaní. Te rogamos, óyenos.
Pon en nuestro corazón y en nuestros labios la palabra «Padre», cuando Dios nos parezca el Juez severo y el Dios incomprensible e inaccesible. Te rogamos, óyenos.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo. Ten piedad de nosotros.

OREMOS: Jesús, que estás aquí presente por los sentimientos sagrados de tu corazón divino y humano, con los que afrontaste la agonía de Getsemaní y la expiación en obediencia y amor, y con los cuales habitas entre nosotros, te pedimos: llena nuestros corazones de arrepentimiento por los pecados, haznos aceptar la cruz con tu espíritu de expiación y de penitencia y concédenos un amor agradecido como respuesta al amor con el que aceptaste en Getsemaní el comenzar tu pasión santa por nosotros pecadores. Amén.