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Lectura orante del Evangelio del Domingo de la Pascua de Resurrección: Juan 20,1-9


Que tu Espíritu nos guíe

Que tu Espíritu nos guíe, Señor,
en este momento de oración
con tu Palabra de hoy;
para que recibamos su unción,
y le dé la noción
de tu mensaje de amor
a nuestro corazón,
para convertirlo en acción.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 20,1-9: El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.

b) Contexto histórico y cultural

El primer día de la semana, el domingo de nuestro calendario, María Magdalena acude a la tumba donde sepultaron a Jesús, con otras mujeres, de acuerdo a los Evangelios según Mateo, Marcos y Lucas, con perfumes para completar la labor funeraria que habían tenido que interrumpir.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Pascua

Esta Pascua ya no es rito,
porque ya es gloria por siempre;
por todas partes se siente
que el mundo ya no es el mismo.

Ha triunfado Jesucristo,
derrotada está la muerte
por el que su sangre vierte
en divino sacrificio.

Ahora hemos sido benditos,
ha cambiado nuestra suerte;
que un solo grito resuene:
¡ha resucitado el Cristo!

3. Oración

La Pascua es el paso

La Pascua es el paso,
y la luz su señal;
sustituto triunfal
del óbito caso.
Divino traspaso,
Cristo como canal;
desenlace final
que me abre hoy el paso.
¡Hoy dame en mi ocaso,
Señor, tu luz pascual!

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

El júbilo y la alegría
por la resurrección de Cristo,
son mi acción de hoy:
¡verdaderamente ha resucitado el Señor, aleluya!
Amén.