Sean bienvenidos a nuestra página que contiene mensajes con doctrina y espiritualidad cristiana provenientes de los documentos de la Iglesia, de los escritos de santos, y de autores tanto clásicos como contemporáneos, donde también aparece algo de nuestra humilde autoría. Vengan regularmente; aquí siempre encontrarán palabras de vida eterna

Mi Adoración Eucarística

(Les comparto la guía que utilizo para conducir la adoración eucarística comunitaria. Espero que sea de utilidad para los ministros que ejercen tan excelsa labor, de la que no me considero digno. Al final encontrarán un enlace para quienes deseen descargarla a sus dispositivos)

Con un canto procesional Eucarístico, se coloca el Santísimo en un lugar elevado e iluminado por cirios. Luego, de rodillas, se aclama y ora:

V. Viva Jesús Sacramentado.
R. Viva y de todos sea amado.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Se repite la fórmula anterior completa por 3 veces. Luego se repite 3 veces:

V. Viva Jesús Sacramentado.
R. Viva y de todos sea amado.

Luego todos se sientan y comienzan la adoración en silencio. Se pueden hacer cánticos y poemas, principalmente eucarísticos; también se pueden leer textos bíblicos, con momentos de reflexión interior, sin efectuar homilías. En un momento determinado también se pueden hacer oraciones de alabanzas y acción de gracias.

Si se desea hacer una letanía de alabanza (de La Hora Milagrosa por Linda Schubert):

(Repetir después de cada salutación: te alabo, Jesús)

Tú eres mi Vida; mi Amor: te alabo, Jesús.
Nombre sobre todo nombre: te alabo, Jesús.
Emmanuel; Dios con nosotros: te alabo, Jesús.
Tú eres el Rey de reyes: te alabo, Jesús.
Tú eres el Rey de la creación: te alabo, Jesús.
Tú eres el Rey del universo: te alabo, Jesús.
Tú eres el Señor de señores: te alabo, Jesús.
Tú eres el Todopoderoso: te alabo, Jesús.
Tú eres el Cristo: te alabo, Jesús.
Tú eres Cristo Rey: te alabo, Jesús.
Tú eres el Cordero de Dios: te alabo, Jesús.
Tú eres el León de Judá: te alabo, Jesús.
Estrella brillante de la mañana: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Campeón y Escudo: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Fuerza y mi Canción: te alabo, Jesús.
Tú eres el Camino de mi vida: te alabo, Jesús.
Tú eres la única Verdad: te alabo, Jesús.
Tú eres la Vida Real: te alabo, Jesús.
Tú eres el Consejero maravilloso: te alabo, Jesús.
Tú eres el Príncipe de Paz: te alabo, Jesús.
Tú eres la Luz del mundo: te alabo, Jesús.
Tú eres la Palabra viviente: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Redentor: te alabo, Jesús.
Tú eres el Mesías: te alabo, Jesús.
Tú eres el Ungido: te alabo, Jesús.
Tú eres el Santo de Israel: te alabo, Jesús.
Tú eres el Buen Pastor: te alabo, Jesús.
Tú eres la Puerta: te alabo, Jesús.
Tú eres el Señor de los Ejércitos: te alabo, Jesús.
Roca de todos los tiempos: te alabo, Jesús.
Tú eres el Sitio escondido: te alabo, Jesús.
Tú eres el Salvador del mundo: te alabo, Jesús.
Tú eres la Torre fuerte: te alabo, Jesús.
Tú eres el Refugio de la montaña: te alabo, Jesús.
Tú eres el Pan de vida: te alabo, Jesús.
Tú eres la Fuente de toda santidad: te alabo, Jesús.
Tú eres el Agua Viva: te alabo, Jesús.
Tú eres la Vid verdadera: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Esposo; mi Creador: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Fortaleza: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Libertador: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Victoria: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Salvación: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Rectitud: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Sabiduría: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Santificación: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Justificación: te alabo, Jesús.
Tú eres la Puerta: te alabo, Jesús.
Tú eres el gran Yo soy: te alabo, Jesús.
Tú eres el gran Sumo Sacerdote: te alabo, Jesús.
Tú eres la Piedra Angular: te alabo, Jesús.
Tú eres la Fundación segura: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Alegría: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Porción y mi Copa: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Sanación y mi Totalidad: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Alianza: te alabo, Jesús.
Tú eres la Promesa del Padre: te alabo, Jesús.
Tú eres el Eterno: te alabo, Jesús.
El más alto Dios: te alabo, Jesús.
Cordero que fue degollado: te alabo, Jesús.
Tú eres el Juez Justo: te alabo, Jesús.
Tú eres el Gran Guerrero: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Defensa: te alabo, Jesús.
Tú eres el Novio: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Paciencia: te alabo, Jesús.
Tú eres la Realidad Sólida: te alabo, Jesús.
Tú eres mi Proveedor: te alabo, Jesús.
Tú eres la Resurrección y la Vida: te alabo, Jesús.
Tú eres el Alfa y el Omega: te alabo, Jesús.
Tú eres el Principio y el Fin: te alabo, Jesús.
Fuente, Guía y Meta de lo que existe: te alabo, Jesús.
Tú eres Todo lo que necesito: te alabo, Jesús.
Tú eres todo lo que Deseo: te alabo, Jesús.
Merecedor de toda Alabanza: te alabo, Jesús.

Para una oración de entrega (de La Hora Milagrosa por Linda Schubert):

Padre Amado, me entrego a Ti hoy con todo mi corazón y toda mi alma. Por favor, entra en mi corazón de una manera más profunda.
Yo te digo que "Si" a Ti hoy. Abro los lugares secretos de mi corazón y te digo "Entra", Jesús.
Tú eres el Señor de toda mi vida. Creo en Ti, y hoy te recibo como mi Señor y mi Salvador.
Espíritu Santo, dame una conversión profunda a la persona de Cristo.
Señor, yo hoy me entrego por completo a Ti: te entrego mi salud, mi familia, mis recursos, mi trabajo, mis habilidades, mis relaciones, mi tiempo, mis éxitos y mis fracasos. Me despojo de ellos y te los entrego a Ti todos.
Entrego mi comprensión de cómo las cosas deberían ser, mi voluntad y mis decisiones.
Te entrego las promesas cumplidas y las que he dejado de cumplir.
Entrego mis debilidades y mis fuerzas a Ti.
Te entrego mis emociones, mis temores, mis inseguridades, mi sexualidad.
Especialmente te entrego... (entrega ahora lo que el Espíritu Santo te vaya revelando).
Señor, yo te entrego toda mi vida a Ti; te entrego el presente, el pasado y el  futuro. Te pertenezco en enfermedad y en salud, en muerte y en vida.

Oración de San Ignacio:
Toma, Señor y recibe mi libertad, mi memoria, mi entendimiento, toda mi voluntad, todo lo que tengo y todo lo que poseo. Tú todo me lo has dado. A Ti, Señor, te lo devuelvo. Todo es Tuyo. Dispón de todo esto de acuerdo a Tu voluntad. Dame Tu amor y Tu gracia. Porque esto es suficiente para mí. Amén.

Poemas e Himnos Eucarísticos (para seleccionar algunos):

¡Qué bien se está contigo, Señor! (Juana Carou):

¡Qué bien se está contigo Señor junto al Sagrario!
Qué bien se está contigo, ¿por qué no vendré más?
Hace ya muchos años que vengo aquí a diario
y aquí te encuentro siempre -Amor Solitario-
Solo, pobre, escondido, pensando en mi quizás!..
Tú no me dices nada ni yo te digo nada;
si Tú lo sabes todo ¿qué voy a decirte?
Sabes todas mis penas, todas mis alegrías,
sabes que vengo a verte con las manos vacías
y que no tengo nada que te pueda servir.
Siempre que vengo a verte, siempre te encuentro solo
¿Será, Señor, que nadie sabe que estás aquí?
No sé, pero sé, en cambio, que aunque nadie viniera,
aunque nadie te amara ni te lo agradeciera,
aquí estarías siempre esperándome a mi.....
¿Por qué no vendré más? ¡Qué ciego estoy, qué ciego!
Si sé por experiencia que cuando a Ti me llego
siempre vuelvo cambiado, siempre salgo mejor.
¿A dónde voy, Dios mío, cuando a mi Dios no vengo?
¡Si Tú me esperas siempre! Si a Ti siempre te tengo
si jamás me has cerrado las puertas de tu Amor.
Por otros se recorren a pie largos caminos,
acuden de muy lejos cansados peregrinos
o pagan grandes sumas que no han de recobrar.
Por Ti, nadie pregunta, de Ti nadie hace caso,
si alguna vez te visitan es solo así de paso;
aquí eres Tú quien jamás paga si alguno quiere entrar.
¿Por qué no vendré mas si sé que aquí, a tu lado,
puedo encontrar, Dios mío, lo que tanto he buscado
mi luz, mi fortaleza, mi paz mi único bien?
¡Si jamás he sufrido, si jamás he llorado, Señor,
sin que conmigo llorases Tú también!
¿Por qué no vendré más, Jesucristo bendito?
¡si Tú lo estás deseando!, ¡si yo lo necesito!
Si sé que no soy nada cuando no vengo aquí...
Si aquí me enseñarás la ciencia de los santos
como aquí la buscaron y la aprendieron tantos,
que fueron tus amigos y gozan ya de Ti...
¿Por qué no vendré más, si sé yo
que Tú eres el modelo único y necesario 
que nada se hace duro mirándote a TI aquí....?
El Sagrario es la celda donde estás encerrado...
¡Qué pobre, qué obediente, qué manso, qué callado,
qué solo, qué escondido... nadie se fija en Ti!
¿Por qué no vendré más? ¡Oh! Bondad infinita!
riqueza inestimable que nada necesita,
y que te has humillado a mendigar mi amor
Ábreme ya esa puerta, -sea esa ya mi vida-
olvidado de todos, de todos escondida.
¡Que bien se está contigo, que bien se está Señor!
Amén.

Pan de ángeles (Fray Luis de León):

Comida celestial, pan cuyo gusto
es tan dulce, sabroso y tan suave,
que al bueno, humilde, santo, recto y justo,
a manjar celestial, como es, le sabe;
Justa condenación del hombre injusto
si come el pan de Dios se encierra y cabe;
el sumo Dios que en sí se da y oculta
diga el bien que de tanto bien resulta.
Pan de ángeles, Dios tan verdadero,
que, aunque se quiebra, se divide y parte,
está un inmenso Dios, trino y entero,
en cualquiera migaja y menor parte;
Agnus Dei, sincerísimo Cordero
que en pan al pecador gustas de darte;
pues eres todo Dios, el que es bastante,
de su deidad en sí cifrada cante.
Eres, pues, Dios, de tu deidad tan digno
que no hay justo ni santo entre los santos
que no se juzgue y tenga por indigno
de bocado que da regalos tantos;
eres Pan para el bueno, tan benigno
que de tribulaciones y de llantos
le produces y das gloriosos bienes,
y para con el malo los detienes.
Eres, pan celestial, lo figurado
de aquel maná sabroso del desierto;
Tú lo vivo y aquello lo pintado,
aquello la figura y tú lo cierto;
eres, pan, tan glorioso y endiosado
que a decir tus grandezas yo no acierto:
las angélicas lenguas lo prosigan,
que faltas quedarán aunque más digan.

Temores en el favor (Lope de Vega):

Cuando en mis manos, Rey Eterno, os miro
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto,
y la piedad de vuestro pecho admiro.
Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto;
que arrepentido de ofenderos tanto,
con ansías temo y con dolor suspiro.
Volved los ojos a mirarme humanos;
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos.
No sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
vos le dejéis de las divinas vuestras.

Manjar de los fuertes (Pedro Calderón de la Barca):

El género humano tiene
contra las fieras del mundo,
por las que horribles le cerquen,
su libertad afianzada,
como a sustentarse llegue
de aquel Pan y de aquel Vino
de quien hoy es sombra éste...
Nadie desconfíe,
nadie desespere.
Que con este Pan y este vino...
las llamas se apagan,
las fieras se vencen,
las penas se abrevian
y las culpas se absuelven.

Al Santísimo Sacramento (Pedro Calderón de la Barca):

El Espíritu Santo
y el Hijo ampárennos
y al Padre pídase
el pan por viático.
Manjar angélico
Hoy, Señor, dánoslo,
pan de quien símbolo
fueron los ácimos,
emblema físico
y enigma cándido.
¡Oh pan de ángeles,
tu gracia sálvenos!
A los que débiles
por estos ásperos
valles de lágrimas
peregrinaremos
¡oh pan de ángeles,
tu gracia sálvenos!

Con ropa de pan (Luis Brea Torrens):

Señor, que este Pan del cielo,
alimento en el cual te das,
no me sea escaso jamás
hasta que a Ti emprenda el vuelo;
él satisface mi anhelo
de verte; que es, de hoy, mi afán;
y aunque está con ropa de pan,
divina es toda su esencia:
tu Cuerpo y Sangre en presencia,
consagrados, en él están.
Amén.

Alégrate alma mía (Miguel de Cervantes):

Si en pan tan soberano,
se recibe al que mide cielo y tierra;
si el Verbo, la Verdad, la Luz, la Vida
en este pan se encierra;
si Aquel por cuya mano
se rige el cielo, es el que convida
con tan dulce comida
en tan alegre día.
¡Oh cosa maravillosa!
Convite y quien convida es una cosa,
alégrate, alma mía,
pues tienes en el suelo
tan blanco y tan lindo pan como en el cielo.

Alma de Cristo (San Ignacio de Loyola):

Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame,
Agua del Costado de Cristo, purifícame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh Buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de ti.
Del maligno enemigo, líbrame.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a ti
para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos. Amén.

Himno Adoro te devote:

Te adoro con devoción, Dios escondido,
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.
Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto;
pero basta el oído para creer por firmeza;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta palabra de verdad.
En la Cruz se escondía sólo la Divinidad,
pero aquí se esconde también la Humanidad;
creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido.
No veo las llagas como las vio Tomás
pero confieso que eres mi Dios:
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere, que te ame.
¡Oh memorial de la muerte del Señor!
Pan vivo que das la vida al hombre:
concede a mi alma que de Ti viva
y que siempre saboree tu dulzura.
Señor Jesús, bondadoso Pelícano,
límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre,
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
Jesús, a quien ahora veo oculto,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro cara a cara,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

Himno Lauda Sion Salvatorem:

Alaba Sión a tu Salvador,
alaba a tu guía y pastor con himnos y cánticos.
Pregona su gloria cuanto puedas,
porque El está sobre toda alabanza,
y jamás podrás alabarle bastante.
El tema especial de nuestras alabanzas
es hoy el Pan vivo y que da la vida.
El cual se dio en la mesa de la sagrada cena
al grupo de los doce Apóstoles, sin ninguna duda.
Sea, pues, llena, sea sonora, sea alegre,
sea pura la alabanza de nuestra alma
pues celebramos el solemne día  
en que fue instituido este divino banquete.
En esta mesa del nuevo Rey,
la Pascua nueva de la nueva Ley
pone fin a la pascua antigua.
Lo viejo cede ante lo nuevo, la sombra ante la realidad,
y la luz ahuyenta la noche.
Lo que Jesucristo hizo en la cena
mandó que se haga en memoria suya.
Instruidos con sus santos mandatos,
consagramos el pan y el vino, en sacrificio de salvación.
Es dogma que se da a los cristianos,
que el pan se convierte en Carne, y el vino en Sangre.
Lo que no comprendes y no ves, lo atestigua una fe viva,
fuera de todo orden de la naturaleza.
Bajo diversas especies, que son accidente y no sustancia,
están ocultos los dones más preciados.
Su Carne es alimento y su Sangre bebida,
pero Cristo está todo entero bajo cada especie.
Quien lo recibe no lo rompe, no lo quebranta,
no lo desmembra: recíbese todo entero.
Recíbelo uno, lo reciben mil;
y aquél lo toma tanto como éstos,
pues no se consume al ser tomado.
Recíbenlo buenos y malos;
mas con suerte desigual de vida o muerte.
Es muerte para los malos, y vida para los buenos;
mira cómo un mismo alimento  produce efectos tan diversos.
Cuando se divida el Sacramento, no vaciles,
sino recuerda que Jesucristo está en cada parte
tan entero como antes en el todo.
No se parte la sustancia, se rompe sólo la señal;
ni el ser ni el tamaño se reducen de Cristo presente.
He aquí el Pan de los Ángeles, hecho viático nuestro;
verdadero pan de los hijos, no lo echemos a los perros.
Figuras lo representaron: Isaac fue sacrificado,
el Cordero Pascual, inmolado;
el maná nutrió a nuestros padres.
Buen pastor, Pan verdadero, ¡oh Jesús!, ten piedad.
Apaciéntanos y protégenos;
haz que veamos los bienes en la tierra de los vivientes.
Tú, que todo lo sabes y puedes,
que nos apacientas aquí siendo aún mortales,
haznos allí tus comensales.  
coherederos y compañeros de los santos ciudadanos. Amén.

Para concluir, el ministro que dirige la adoración, se arrodilla ante el Santísimo y continúa con la oración:

Oh saludable Hostia
que abres la puerta del cielo:
en los ataques del enemigo danos fuerza,
concédenos tu auxilio.
Al Señor Uno y Trino
se atribuye eterna gloria:
y El, vida sin término nos otorgue en la Patria eterna. Amén.

Luego, arrodillado, continúa con este himno eucarístico (Canta lengua):

Canta, lengua, el misterio 
del cuerpo glorioso 
y de la sangre preciosa 
que el Rey de las naciones, 
fruto de un vientre generoso, 
derramó como rescate del mundo.
Nos fue dado, nos nació 
de una Virgen sin mancilla; 
y después de pasar su vida en el mundo,
una vez esparcida la semilla 
de su palabra,
terminó el tiempo de su destierro
dando una admirable disposición.
En la noche de la última cena,
recostado a la mesa con los hermanos, 
después de observar 
plenamente la ley 
sobre la comida legal, 
se da con sus propias manos 
como alimento para los Doce. 
El Verbo hecho carne 
convierte con su palabra 
el pan verdadero con su carne,
y el vino puro se convierte
en la sangre de Cristo.
Y aunque fallen los sentidos, 
baste sólo la fe 
para confirmar al corazón 
recto en esa verdad. 
Veneremos, pues, inclinados 
tan gran Sacramento; 
y la antigua figura 
ceda el puesto al nuevo rito; 
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo 
sean dadas alabanza y júbilo,
salud, honor, poder
y bendición;
una gloria igual sea dada 
al que de uno y de otro
procede. Amén.

Si la exposición se hizo con la custodia, el ministro en este momento puede, arrodillado, incensar el Santísimo Sacramento. Luego continúa:

V. Les diste pan del cielo. (T.P. Aleluya). 
R. Que contiene en sí todo deleite. (T.P. Aleluya).

Oremos:
Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tú Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Luego se pone en pie y levantando el Sántísimo en la custodia, bendice al pueblo, la coloca nuevamente en su lugar, se arrodilla y continúa:

Bendito sea Dios.
Bendito sea su Santo Nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y Hombre verdadero.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su Gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María, Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.

El que dirige la adoración se pone de pie, y mientras el pueblo entona un canto eucarístico, retira el Santísimo en procesión, precedido de uno o más cirios.

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