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Lectura orante del Evangelio del Viernes de la Semana 12 del Tiempo Ordinario: Mateo 8,1-4


Danos, Señor, la abundancia de tu Espíritu Santo en este momento a los que habremos de leer tu santa Palabra y orar con ella en cualquier lugar o momento. Que podamos entenderla y convertirla en acción en la vida de cada uno. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Mateo 8,1-4: En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte, fue siguiéndole una gran muchedumbre. En esto, un leproso se acercó y se postró ante Él, diciendo: «Señor, si quieres puedes limpiarme». Él extendió la mano, le tocó y dijo: «Quiero, queda limpio». Y al instante quedó limpio de su lepra. Y Jesús le dice: «Mira, no se lo digas a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio».

b) Contexto histórico y cultural

La lepra, hasta no hace mucho tiempo, era considerada una de las peores enfermedades; tanto por el aspecto del cuerpo del enfermo como por la condición de aislamiento a que éste era sometido. Se pensaba que era una maldición que acarreaba impureza tanto a los enfermos como a los que entraran en contacto con él. En la cultura judía, incluso se creía que su origen era pecaminoso, siendo el sacerdote la persona encargada de diagnosticar su contagio y sanación.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

¡Purifícame en este encuentro!

Hoy me he atrevido y he salido a verte
pues hace tiempo quería conocerte;
pero mi estado, que hallan repugnante,
hacía quimera ir a aproximarte.

Nadie se me acerca, apartado estoy,
mi única esperanza es tu presencia hoy;
y aunque, por el rechazo, vacilante,
ante tus pies me postro suplicante.

Sé que es una afrenta, una prohibición,
ir a tu presencia, perdona, Señor;
no sólo es la piel, hay más sucio dentro
de mí; ¡purifícame en este encuentro!

De ti recibo el contacto anhelado;
¡quiero!, me dices, y ya soy sanado;
no es magia, es amor; es de Dios, el perdón,
que mediante Jesús trae liberación.

3. Oración

Diré

Silencio pedías al cumplir tu misión,
cuando al mundo trajiste la salvación;
perdona, Señor, pero no es lo que haré;
lo que has hecho conmigo, a todos diré.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

Acudir siempre a ti,
a tu presencia, Señor,
confiando en que siempre quieres lo mejor para mi,
es mi compromiso desde hoy.
Amén.