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Lectura orante del Evangelio del Martes de la Semana 5 de Pascua: Juan 14,27-31a


Desciende ahora, Espíritu Santo

Desciende ahora, Espíritu Santo,
y rebósanos con esos dones
que pueden a nuestros corazones
implantar el mensaje sagrado
que en su Palabra Dios nos ha dado;
y que lo que en él se nos expone
purifique nuestras intenciones
para hoy en la vida aplicarlo.

Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Juan 14,27-31a: En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».

b) Contexto histórico y cultural

Jesús continúa animando a sus discípulos en la conversación de sobremesa de la Última Cena, con un mensaje denso en cuanto a contenido, con la finalidad de fortalecerles ante su partida de este mundo terreno; aunque el contenido es de despedida, es una exhortación a la alegría y una promesa de su retorno.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Fabricante de paz

Conozco de un fabricante de paz
que posee un alto inventario;
su producción tiene un ritmo diario
que, abastecer todo el mundo, es capaz.

Por su producto, a nadie va a cobrar,
pues aunque trabaja en todo horario,
él no recibe ningún salario,
y entrega gratis a todo lugar.

Su factoría de tranquilidad
aunque es humilde, es un santuario,
el almacén es todo un sagrario,
y su marca es: Jesús, Rey de la paz.

3. Oración

Te fuiste y volviste

Te fuiste y volviste, Señor;
presente estás cada día
en los sencillos y humildes
de quienes eres la vía;
también en los sacramentos,
y siempre en la Eucaristía.
Hazme verte siempre, Jesús,
que siempre ame, sin falsía,
y, en los otros vea tu rostro,
al servir con alegría.
De una manera directa,
cuando a mi me llegue el día,
contemplarte cara a cara
ahora es la esperanza mía;
dame espera con sosiego,
mucha paz, y vida pía.

Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A no turbarnos ni acobardarnos;
a alegrarnos en Cristo,
y a vivir en su paz,
estamos invitados en este día.
Es lo que voy a hacer, con la ayuda de Dios.
Amén.