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Lectura orante del Evangelio del Sábado después de Cenizas de la Cuaresma: Lucas 5,27-32


Danos, Señor, la luz de tu Espíritu Santo en esta ocasión en que oraremos con tu Palabra, para que nuestra mente pueda comprender lo que quieres transmitirnos con ella, y nuestro corazón se disponga a aplicarla en nuestro diario vivir. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Lucas 5,27-32: En aquel tiempo, Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: «Sígueme». El, dejándolo todo, se levantó y le siguió. Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: «¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?». Les respondió Jesús: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores».

b) Contexto histórico y cultural

En el inicio de su ministerio público, Jesús ha comenzado a seleccionar y llamar persona para que estuviesen con él, como discípulos; Leví es uno de ellos; pero como éste desempeña la odiosa labor de cobrar impuestos a los judíos, para entregar al imperio romano, es considerado como publicano; es decir, un pecador público; sus amigos que participaban del banquete, probablemente también lo eran.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Si no hubieses venido a nosotros

Si no hubieses venido a nosotros
y otros fuesen los llamados,
sólo sería un desgraciado,
no más que un perro sarnoso.

Porque es que he sido tramposo
y en mal camino extraviado;
inmerso en el sucio pecado,
todos me consideraban fangoso.

Por eso, algunos quejosos
conociendo mi obscuro lado,
bastante mal me han mirado
y me condenan rabiosos.

Pero tu corazón amoroso
las penas me ha condonado
y de las cadenas librado
porque eres misericordioso.

3. Oración

Gracias, Señor,
por el llamado que me has hecho,
aun a sabiendas de mis debilidades;
te pido fortaleza para permanecer en tu camino
y no defraudarte.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A sentirme llamado por Jesús,
y a seguirle con mi vida,
estoy invitado a partir de hoy;
aceptar es mi acción,
ayúdame, Señor, a cumplirla.
Amén.