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Lectura orante del Evangelio del Jueves de la Semana 8 del Tiempo Ordinario: Marcos 10,46-52


Que tu Espíritu Santo nos ilumine con la luz del entendimiento, Señor; para que al leer tu Evangelio de este día captemos su correcto significado, y que nuestros corazones lo acojan con fe, dispuestos a la conversión, y con ánimo de vivir lo que leeremos y oraremos. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 10,46-52: En aquel tiempo, cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!». Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!».

Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle». Llaman al ciego, diciéndole: «¡Ánimo, levántate! Te llama». Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?». El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!». Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado». Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

b) Contexto histórico y cultural

Jericó, ubicada a orillas del río Jordán, distante unos 27 de kilómetros de Jerusalén, era una antigua ciudad, ya existente antes de la llegada de los israelitas a la tierra prometida; es el lugar por donde el pueblo de Israel, dirigido por Josué, penetró al territorio que luego sería su patria.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Aquel ciego de Jericó

Aquel ciego de Jericó
que nunca había visto la luz,
con fuerza clamaba a Jesús,
pidiéndole su compasión.

A todos nos da una lección
que es relativa a la fe:
su figura no podía ver
pero su señorío lo vio;
por eso el Señor lo sanó,
pues pudo llegar a creer.

3. Oración

¡Jesús, Hijo de David,
también ten compasión de mí!
Ayúdame a verte en los demás
y cambiar mi forma de actuar.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A pedir a Jesús con fe e insistencia,
se me invita en el día de hoy;
dame fe,
y dame de tu compasión,
Jesus, mi Señor;
esa es mi acción.
Amén.