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Lectura orante del Evangelio del Domingo (Ciclo B) de la Semana 8 del Tiempo Ordinario: Marcos 2,18-22


Tu Palabra, Señor, es viva, eficaz y transformadora; pedimos tu auxilio para que en este momento que dialogaremos contigo, recibamos tu mensaje con un corazón dispuesto, para que podamos convertir en vida lo que leeremos y oraremos con ella. Amén.

1. Lectura

a) Texto del día

Marcos 2,18-22: Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día. Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos». «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?»

b) Contexto histórico y cultural

La práctica del ayuno siempre ha estado ligada a la vida religiosa del pueblo de Israel, así como a las comunidades cristianas posteriores a Jesús. Parece ser que el ayuno a que se refiere este pasaje pudo haber sido ordenado por alguna situación de necesidad colectiva, probablemente alguna sequía. Jesús justifica la no participación de sus discípulos en ese ayuno, comparando su presencia entre ellos con la de un novio entre sus invitados; entendiéndose que, entre los judíos, una boda era siempre una fiesta extraordinaria que constituía motivo de alegría jubilosa.

2. Meditación (para leer lenta y pausadamente; deteniéndose a meditar y saborear cada palabra, cada verso y cada estrofa, relacionándolos con el Evangelio del día y con nuestra vida)

Ayuno

Acepta mi ayuno, Señor,
que contigo es alegría;
porque no puede ser dolor
que te acoja el alma mía.

No puede ser signo exterior
ni tampoco una porfía,
mucho menos es estupor
porque algún hermano ría.

Es ayunar a tanto horror
con que hiero en agonía
cuando está faltando el amor
o hay indiferencia mía
sabiendo que me has pedido,
entre hermanos, armonía.

3. Oración

Gracias, Señor,
por estar conmigo;
por haber venido a mí
y permitirme estar en tu presencia;
gracias por haberme incorporado a tu comunidad,
la comunidad de los pecadores que buscan la santidad, tu Iglesia.
Gracias por la alegría que has traído,
y que sentimos al sabernos salvados;
ayúdanos a transmitir a los demás
ese sentir tuyo que es
alegría, amor y paz.
Amén.

4. Contemplación (en un profundo silencio interior nos abandonamos por unos minutos de un modo contemplativo en el amor del Padre y en la gracia del Hijo, permitiendo que el Espíritu Santo nos inunde. En resumen, intentamos prolongar en el tiempo este momento de paz en la presencia de Dios).

5. Acción

A la alegría estoy comprometido hoy;
vivir mi fe en comunidad de amor y armonía tiene que ser mi camino siempre.
Amén.