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Mateo 21,28-32: ¡A trabajar!


En aquel tiempo dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
-¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña.»
El le contestó: «No quiero.» Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. El le contestó: «Voy, señor». Pero no fue.
¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
Contestaron:
-El primero.
Jesús les dijo:
-Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas lo creyeron. Y aun después de ver esto vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis.

REFLEXIÓN (del Rezo del Ángelus del Papa Juan Pablo II el domingo 27 de septiembre de 1981):

Cristo comienza y termina con una pregunta. La respuesta a esta pregunta es fácil. Los oyentes responden que "el último" ha realizado voluntad del padre.

Así pues, este domingo ―como el domingo pasado― escuchamos algunas palabras evangélicas sobre la viña y el trabajo.

¿Qué es el trabajo?

Contestemos una vez más a esta pregunta, recordando ante todo que es colaboración con Dios en el perfeccionamiento de la naturaleza, según el precepto bíblico de someter la tierra. El Creador quiso al hombre explorador, conquistador, dominador de la tierra y de los mares, de sus tesoros, de sus energías, de sus secretos, de manera que el hombre recupere su auténtica grandeza de "partner de Dios".

Por esto el trabajo es noble y sagrado: es el título de la soberanía humana sobre la creación. El trabajo, además, es medio de unión y de solidaridad, que hace a los hombres hermanos, los educa en la cooperación, los fortalece en la concordia, los estimula a la conquista de las cosas, pero sobre todo de la esperanza, de la libertad, del amor.

Mediante las divisiones funcionales de la producción el trabajo puede crear un tejido de colaboración consciente y compacto, y hace a la sociedad más armónicamente operante hacia la meta de un orden justo para todos. Por todo esto la Iglesia lo estimula y lo bendice.

La pregunta sobre la naturaleza del trabajo nos la planteamos en relación con el aniversario de la Encíclica Rerum Novarum del Papa León XIII.

Ahora nos hacemos esta pregunta en relación con el Evangelio de la liturgia de hoy. Cada uno de nosotros es uno de los que sienten la llamada del Padre dirigida a los dos hermanos: "Ve hoy a trabajar en la viña". Y cada uno de nosotros, después de haber oído la llamada, puede comportarse como el primero o como el segundo de ellos.

La parábola evangélica enseña que en el trabajo se contiene una respuesta, que el hombre da a Dios con toda su vida y su comportamiento. El trabajo tiene su sentido no sólo en la construcción de la "ciudad terrestre", sino también en la construcción del Reino de Dios.