El Metro

De "Oraciones para rezar por la calle" por Michel Quoist
Pssssss... ¡clac!
La puerta se ha cerrado,
los cuchillos mecánicos han cortado,
en la masa humana del andén,
una «ración de metro».
Arrancamos.
No puedo menearme.
He dejado de ser una persona, soy masa.
Una masa que se desplaza en bloque,
como una tarta helada en una caja un poco grande.

Masa anónima, indiferente,
alejada tal vez de Ti, Señor.
Yo formo un todo con ella y a veces me doy cuenta de lo difícil que resulta elevarse.
La multitud es torpe,
pone suelas de plomo a mis pies,
ya de por sí tan lentos,
somos demasiados pasajeros en esta mi barquilla atestada.
Y, con todo, Señor,
yo no tengo derecho a ignorarlos,
ya que son mis hermanos.
Yo no puedo salvarme solo, en taxi.
Puesto que tú lo quieres, me salvaré «en metro».