Sean bienvenidos a nuestra página que contiene mensajes con doctrina y espiritualidad cristiana provenientes de los documentos de la Iglesia, de los escritos de santos, y de autores tanto clásicos como contemporáneos, donde también aparece algo de nuestra humilde autoría. Vengan regularmente; aquí siempre encontrarán palabras de vida eterna

Algunas normas del culto Eucarístico

(Del "Ritual del Culto a la Eucaristía fuera de la Misa")

Relaciones entre el Culto eucarístico fuera de la misa y la celebración de la Eucaristía

La celebración de la Eucaristía es el centro de toda la vida cristiana tanto para la Iglesia universal, como para las asambleas locales de la misma Iglesia. Pues, «los demás sacramentos, como todos los ministerios eclesiásticos y las obras de apostolado, están vinculados con la sagrada Eucaristía y ordenados a ella. Porque en la sagrada Eucaristía se contiene todo el tesoro espiritual de la Iglesia, es decir, al mismo Cristo, nuestra Pascua y pan vivo, que, mediante su carne vivificada y vivificante por el Espíritu Santo, da vida a los hombres, invitándolos así y estimulándolos a ofrecer sus trabajos, la creación entera y así mismos en unión con Él».

Pero además «la celebración de la Eucaristía en el sacrificio de la Misa es realmente el origen y el fin del culto que se le tributó fuera de la Misa». Porque Cristo, el Señor, que se inmola en el mismo sacrificio de la Misa cuando comienza a estar sacramentalmente presente como alimento espiritual de los fieles bajo las especies de pan y vino, también «una vez ofrecido el sacrificio, mientras la Eucaristía se conserva en las iglesias y oratorios es verdaderamente el Emmanuel, es decir, “Dios-con-nosotros”. Pues día y noche está en medio de nosotros, habita con nosotros lleno de gracia y de verdad».

Nadie debe dudar «que los cristianos tributan a este santísimo Sacramento, al venerarlo, el culto de latría, que se debe al Dios verdadero, según la costumbre siempre aceptada en la Iglesia católica. Porque no debe dejar de ser adorado por el hecho de haber sido instituido por Cristo, el Señor, para ser comido.

Para ordenar y promover rectamente la piedad hacia el santísimo Sacramento de la Eucaristía hay que considerar el misterio eucarístico en toda su amplitud, tanto en la celebración de la Misa como en el culto de las sagradas especies, que se conservan después de la Misa para prolongar la gracia del sacrificio.

Finalidad de la reserva de la Eucaristía

El fin primero y primordial de la reserva de las sagradas especies fuera de la Misa es la administración del Viático; los fines secundarios son la distribución de la comunión y la adoración de Nuestro Señor Jesucristo presente en el Sacramento. Pues la reserva de las especies sagradas para los enfermos ha introducido la laudable costumbre de adorar este manjar del cielo conservado en las iglesias. Este culto de adoración se basa en una razón muy sólida y firme; sobre todo porque a la fe en la presencia real del Señor le es connatural su manifestación externa y pública.

En la celebración de la Misa se iluminan gradualmente los modos principales según los cuales Cristo se hace presente a su Iglesia: en primer lugar está presente en la asamblea de los fieles congregados en su nombre; está presente también en su palabra, cuando se lee y explica en la iglesia la sagrada Escritura; presente también en la persona del ministro; finalmente, sobre todo, está presente bajo las especies eucarísticas. En este Sacramento, en efecto, de modo enteramente singular, Cristo entero e integro, Dios y hombre, se halla presente substancial y permanentemente. Esta presencia de Cristo bajo las especies «se dice real, no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por excelencia».

Así que, por razón del signo, es más propio de la naturaleza de la celebración sagrada que la presencia eucarística de Cristo, fruto de la consagración, y que como tal debe aparecer en cuanto sea posible, no se tenga ya desde el principio por la reserva de las especies sagradas en el altar en que se celebra la Misa.

Renuévense frecuentemente y consérvense en un copón o vaso sagrado las hostias consagradas en la cantidad suficiente para la comunión de los enfermos y de otros fieles.

Cuiden los pastores de que las iglesias y oratorios públicos en que, según las normas de Derecho, se guarda la Santísima Eucaristía, estén abiertas diariamente durante varias horas en el tiempo más oportuno del día para que los fieles puedan fácilmente orar ante el Santísimo Sacramento.

El lugar para la reserva de la Eucaristía

El lugar en que se guarda la santísima Eucaristía sea verdaderamente destacado. Conviene que sea igualmente apto para la adoración privada, de modo que los fieles no dejen de venerar al Señor presente en el Sacramento, aun con culto privado, y lo hagan con facilidad y provecho.

Lo cual se conseguirá más fácilmente cuando el sagrario se coloca en una capilIa que esté separada de la nave central del templo, sobre todo en las iglesias en que se celebran con frecuencia matrimonios y funerales y en los lugares que son muy visitados, ya por peregrinaciones, ya por razón de los tesoros de arte y de historia.

La sagrada Eucaristía se reservará en un sagrario sólido, no transparente e inviolable. De ordinario en cada iglesia hay un solo sagrario, colocado sobre el altar o, a juicio del Ordinario del lugar, fuera de un altar, pero en alguna parte de la iglesia que sea noble y esté debidamente adornada.

La llave del sagrario, en que se reserva la santísima Eucaristía, debe ser guardada diligentísimamente por el sacerdote a cuyo cuidado esté la iglesia u oratorio, o por un ministro extraordinario que tenga la facultad de distribuir la sagrada comunión.

La presencia de la santísima Eucaristía en el sagrario indíquese por el conopeo o por otro medio determinado por la autoridad competente.

Según la costumbre tradicional, arda continuamente junto al sagrario una lámpara de aceite o de cera, como signo de honor al Señor.