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Mateo 11,25-30: Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré


En esa oportunidad, Jesús dijo:
Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.
REFLEXIÓN:

El contexto en que acontece este pasaje bíblico es el siguiente: Luego de dar instrucciones y enviar a sus discípulos a anunciar el Reino de dios, el propio Jesús ha salido a predicar por los pueblos de los alrededores. En cada lugar acompaña su predicación de signos mesiánicos, a pesar de la férrea  oposición de parte de las estructuras del poder político y religioso que veían en este maestro de Galilea a un competidor no deseado.

Es entonces que, luego de hacer un balance de los escasos resultados de conversión obtenidos en aquellos poblados en que había realizado gran cantidad de milagros, procede a efectuar esta oración de acción de gracias al Padre porque, a pesar de todos los inconvenientes, los "pequeños" si han escuchado su mensaje. Es una oración por los afligidos y necesitados de consuelo que le han recibido en todos los tiempos de la historia.

¿Quienes son esos "pequeños" a quienes se le han revelado aquellas cosas ocultadas a los "sabios"? ¿Quienes son esos "sabios"? ¿Cuales son esas "cosas" reveladas u ocultadas?

Jesús es quien nos revela el rostro y el corazón del Padre; lo sigue haciendo hoy como hace dos mil años. En una ocasión le dijo a Felipe que quien le ve a él, ve al Padre.

Pero para ver en Jesús al Padre, se necesita la pequeñez de quien abandona la autosuficiencia, el poder y el orgullo. Para recibirle tenemos que dejar de ser "sabios" en la concepción humana para convertirnos en "pequeños" en la concepción de Jesús. Él nos dice cómo hacerlo: "aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio."

Nosotros somos los afligidos, los agobiados, los que procuramos el alivio ansiado que sólo nos puede proporcionar el Señor. Nos convertimos en "pequeños" cuando admitimos la grandeza de Dios y nos abandonamos a ella, reconociendo el gran amor que Él nos ha dispensado por pura gracia. Esas son las "cosas" que el Padre del Cielo ha ocultado a los "sabios" del mundo y nos han sido reveladas mediante el anuncio de la Buena Noticia de la salvación otorgada por Cristo Jesús.

Hemos sido liberados de la esclavitud del pecado, y hoy estamos invitados a aceptar realmente a Jesús como nuestro Señor y Salvador, y a que tomemos su yugo que es suave y que tiene una carga llevadera. Esta carga consiste en vivir en el amor a Dios, practicando la comprensión y la caridad hacia los demás.