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Marcos, 1,29-39: Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios


En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y poseídos. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían no les permitía hablar.

Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron:
-Todo el mundo te busca.
El les respondió:
-Vámonos a otra parte, a, las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he venido.
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

REFLEXIÓN (de "El Año Litúrgico - Celebrar a Jesucristo" por Adrien Nocent):

El relato evangélico de hoy nos coloca ante dos hechos: el anuncio de la Buena Noticia se extiende progresivamente, y las curaciones simbolizan esta conmoción del mundo; la Buena Noticia es la de la curación espiritual, la de la resurrección, la de la vida. Pero, por otra parte, las multitudes se quedan en la materialidad del signo, y si la Iglesia no debe evangelizar sobre vientres ayunos, según expresión bastante cruda de san Agustín, tampoco tiene por primer objetivo modificar la condición humana, sino curar espiritualmente.

Ambos aspectos se encuentran constantemente en la vida de Jesús. También aquí le vemos curar enfermos, y en particular expulsa los espíritus malignos. ¿Es intentada esta insistencia de san Marcos sobre la fiebre, atribuida al demonio, y sobre esta especie de exorcismo? Una palabra empleada por san Marcos, y que encontramos en la carta de Santiago, puede llamarnos la atención: Jesús levanta a la suegra de Pedro. Para decir «levantar», emplea el evangelista la forma verbal egeíro. La carta de Santiago, en la que habla del sacramento de enfermos, utiliza el mismo verbo: «La oración de fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante» (St 5,15).

La palabra tiene múltiples significados: levantar, hacer levantar, resucitar, dar la vida, aliviar.., Parece que ha de evitarse restringir el significado de la palabra; al contrario, hay que mantener sus distintos significados. La suegra de Pedro se levanta y se pone a servir. También aquí encontramos la dimensión del sacramento de enfermos; una enferma recibe la curación para que recupere su papel en la asamblea cristiana.

Jesús cura, y su paso es signo de la vida y la vida signo del reino presente. La Buena Noticia es la de la vida, que no debe restringirse sólo al sentido espiritual ni sólo al sentido corporal. Lamentablemente, esto es lo que hacen las multitudes que entienden los dones de Cristo únicamente bajo el aspecto material. Entonces el Señor las deja, se retira. Aquí, en este pasaje de Marcos, las abandona, y en su manera de abandonarlas se adivina cierta desilusión. La multitud le busca sólo porque desea ser curada en el plano físico.

Se tiene la impresión de que cuando Jesús dice: «Para eso he venido», intenta insistir en que ha venido a traer la Buena Noticia de la Alianza. No quiere el éxito multitudinario que las curaciones le otorgan, y teme la confusión. San Lucas escribirá: «Para eso me han enviado» (Lc 4,43), puntualizando así la expresión «salí», que se encuentra en la frase: «para eso salí del Padre». No parece que san Marcos quiera emplear aquí la expresión en este sentido, sino más bien subrayar que Jesús no vino a realizar curaciones materiales, sino a anunciar la Buena Noticia.

En este relato interviene el «secreto mesiánico». Este es uno de los temas favoritos de Marcos. Los demonios, como el del poseso de la sinagoga, reconocieron al Mesías (Mc 1,24). No le gusta a Jesús que le conozcan sólo por las curaciones materiales; la fe debe dejar atrás los signos que conducen a ella progresivamente. Por eso impone Jesús el silencio: es menester que los hombres le descubran paulatinamente, y sobre todo no por sentimientos movidos por intereses materiales.

Los signos de curación que Jesús realiza deben provocar una pregunta acerca de su persona. Este es el primer escalón. Hay que llegar a ver en Jesús al que tiene que morir y resucitar para salvar al mundo, al que es preciso seguir en su muerte y en su resurrección.