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¡Purifícame en este encuentro!

(Marcos 1,40: Entonces se le acercó un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme»)
Hoy me he atrevido y he salido a verte
pues hace tiempo quería conocerte;
pero mi estado, que hallan repugnante,
hacía quimera ir a aproximarte.

Nadie se me acerca, apartado estoy,
mi única esperanza es tu presencia hoy;
y aunque, por el rechazo, vacilante,
ante tus pies me postro suplicante.

Sé que es una afrenta, una prohibición,
ir a tu presencia, perdona, Señor;
no sólo es la piel, hay más sucio dentro
de mí; ¡purifícame en este encuentro!

De ti recibo el contacto anhelado;
¡quiero!, me dices, y ya soy sanado;
no es magia, es amor; es de Dios, el perdón,
que mediante Jesús trae liberación.